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17 de septiembre de 2026

Dirección de las Cosas / El Teatro del Interior

La Larga Fuga a Cadaqués, o Surrealismo Casero

La Larga Fuga a Cadaqués, o Surrealismo Casero

Para la mayoría de las personas, un interior y los objetos que lo habitan son solo extras silenciosos en el encuadre de una bonita fotografía. Pero en esta Casa, los objetos tienen derecho oficial a su propio espacio personal, e incluso a una vida propia, oculta a los ojos ajenos.

Un ejemplo divertido y muy elocuente de esta independencia es la escena que se está desarrollando ahora mismo sobre el suelo de terracota, junto a la pared blanca.

🖼️ Acto I. Rebelión en el entrepaño

Todo empezó con un Cuadro Importante. En él está representado Cadaqués — un pueblo pesquero de culto, escondido entre las rocas, en el extremo más septentrional de la Cataluña española, junto a la frontera con Francia. Es un lugar de poder sagrado para Mamá en esta tierra, sobre el cual se alza majestuosa, en el lienzo, la iglesia blanquísima de Santa María.

La historia de cómo se encontró el lienzo es asombrosa: el cuadro está dedicado a Cadaqués, pero se encontró en el otro extremo del mundo — Papá literalmente rescató este tesoro de Mamá al descubrirlo entre el polvo de un brocante de provincias.

Durante mucho tiempo, el cuadro ocupó el entrepaño que le estaba estrictamente reservado sobre la escalera. Colgaba allí donde Mamá y el resto de la familia podían verlo varias veces al día, y el sol se asomaba por la ventana exactamente durante media hora para calentar el lienzo con sus rayos.

Pero un día, el cuadro… simplemente se cayó. El marco, por suerte, no sufrió daños. Papá intentó honestamente devolver a la fugitiva a su lugar legítimo, pero los dioses de la reforma decidieron otra cosa: el lienzo quedó apoyado temporalmente contra la pared, junto al suelo. Aunque, como todos sabemos, no hay nada más permanente que lo temporal.

🚴‍♂️ Acto II. Compañeros de viaje

Un poco más tarde, al pie del lienzo surgieron espontáneamente nuevos actores — una expresiva escultura metálica de unos ciclistas. El ambiente de la escena cambió al instante: parecía que los dos pedaleaban sobre las baldosas de terracota directo hacia el interior del cuadro — hacia el mar, las casitas blancas y las callejuelas bañadas de sol de Cadaqués. Se volvió todo muy tierno y dinámico.

🐜 Acto III. El gran regreso de Salvador Dalí

Pero hace unos días, tras el desorden creativo y existencial que organizó la monita Dolce, la escenografía cambió radicalmente de carácter. Las hormigas de hierro que habían participado en aquella sesión de fotos disparatada fueron dejadas allí mismo, por las propias manos de Mamá — justo delante del cuadro.

Y fue entonces cuando se cerró un fantástico círculo espacio-temporal, dejando al descubierto la verdadera puesta en escena de la Casa. Resulta que estas hormigas habían sido traídas de otra peregrinación más… ¡precisamente a ese mismo Cadaqués! De aquel viaje llegó toda una colonia: parte de ella llevaba tiempo instalada en el interior, mientras que este grupo esperaba su momento dentro de una caja.

Cadaqués es la tierra natal de Salvador Dalí, la que forjó su genio. Y las hormigas fueron el símbolo principal y recurrente de su obra, representando el movimiento enloquecido de la vida y la transformación del tiempo. Años después, en el suelo junto a la escalera se encontraron tres absolutas casualidades: un cuadro rescatado del polvo de un brocante, las hormigas de Dalí llegadas de su ciudad natal, y unos ciclistas asaltando el horizonte. Es más, precisamente en Cadaqués viven, para más coincidencia, las hormigas reales más grandes que Mamá ha visto jamás.

¿Es esto una galería al aire libre, donde viajeros e insectos se han quedado congelados en admiración ante el arte, o cobran vida bajo el sol del atardecer y se marchan juntos de vuelta a casa, a través del marco del lienzo? Eso lo decide quien mira. Pero una cosa es evidente: esta función la dirigió el propio espíritu de Cadaqués.